lunes, 13 de junio de 2011

De Anna

¿Acaso mujer, es ese tu juego?
muestras tu imagen,
hermosa, dulce, intrigante,
sin revelar ningún secreto.
Ni el contorno majestuoso de tu cuerpo,
disimulado tras un élfico vestido,
Ni la intensidad de tus verdes ojos,
escondidos tras el blanco y negro.
Dos o tres mechones de cabello,
el marco perfecto de tu rostro y cuello.
labios delineados y cerrados,
censuradores a la posibilidad de un beso.
Y esa mirada intensa y fija,
que al espectador reta e incita.
Los pies desnudos,
realistas y sensibles,
sin olvidar a sus uñas
y su detalle coqueto.
Es fácil describir hadas, ninfas y deidades,
quedar atrapado en sus encantos,
en las mentiras de la imagen.
Quizá lo seas,
quizá seas esa abstracción,
sutil, delicada y efímera:
sabiduría femenina.
Seguro, el resumen resulta injusto.
No habla de tus misterios,
de tus secretos,
de las noches de pasión y lujuria,
ni de las lágrimas al despertar
sintiéndote vacía.
Si tan solo pudiera conformarme Anna,
disfrutarte en las imágenes,
en las historias que me cuento.
Pero soy humano, necesito del contacto.
Conocer lo que llena tus silencios,
los desencuentros y enfados,
las metas y los sueños.
Regálame una noche sin luna,
sin secretos o expectativas.
Una charla, tinto y brisa marina,
el encuentro de las almas,
complicidad clandestina.
Ante el abrazo estelar seamos,
honestos e irreverentes,
fugitivos y olvidados.
Cuando el alba llegue,
sabremos de la intimidad,
esa que no está en el sexo ni en las manos.
Un cariño,
dos cuerpos,
dedos, ideas y deseo
finalmente entrelazados.

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